14 feb 2010

Je le veux magique

En el escritorio de la casa de mis abuelos había una pared llena de fotos antiguas. Convivían ahí daguerrotipos ridículos de tatarabuelos desconocidos con fotos un poco mas actuales, tipo años 30 ó 40, supongo.
A mi me encantaba una en especial, que era en sepia y tenía los bordes con olitas. Alguna vez pregunté y me dijeron que fué sacada en el campo de unos amigos, en Ascochinga.
Me gustaba descolgarla y sambullirme en el sillón-de-leer de Tata para estudiarla
Me resultaba increíble que esas dos personas sentadas en una terraza gigante, hayan sido los que entonces eran mis abuelos. Ni remotamente se me había ocurrido pensar que alguna vez ellos también fueron jóvenes.
Lala tenía el pelo dorado y bastante largo, casi hasta los hombros, cubierto por un pañuelo de seda con grandes dibujos, y unos anteojos de marco claro, enormes, como de Greta Garbo. Y en las manos entrelazadas sobre las rodillas,las uñas perfectamente coloradas y el anillo de piedra azul que usaba en el dedo mas chico, dos cosas que heredé.
Tata llevaba una boina a cuadritos chiquitos, parecida a las que usaba en el campo todos los días, y se hacía sombra con una mano, tipo visera, para tapar el sol y ver. No miraba a quien estaba sacando la foto, ni a las sierras. La miraba a ella.
Había algo en esa mirada que me decía que alguna vez se habían amado mucho, y a mi me daba vergüenza admitirlo.
Como cuando terminaban de comer, alguna noche cualquiera entre semana y porque si, abrían un suter etiqueta marrón que era lo que se debía tomar entonces, y ponían en el tocadiscos a Louis Armstrong o Ella Fitzgerald y bailaban C'est si Bon, muy cheek to cheek, y se daban picos en la boca. Ahí era donde yo salía escandalizada de mi escondite para poner fin a tal idilio. Ellos se reían y se daban picos mas largos, mientras yo me tapaba los ojos y gritaba: Puajjjjjjjjjj! Que ascoooo!!!
Si. Era obvio que se adoraban, aún después de tantos años.

Lo que a mí en ese momento me avergonzaba,
hoy se me antoja mágico.

12 feb 2010

Uno de miedo

Todo empieza cuando alguien comenta, en la ronda formada cerca del fuego, que una conocida muere de extraña manera durante una cacería en Francia.
Las sombras que dibuja la fogata sobre las caras familiares y tal vez el vino, un torrontés del sur, crean clima propicio para los cuentos fantasmales, como una especie del juego ese de la copa y la mesa de tres patas que jugabamos las noches de tormenta cuando eramos chicos, pero esta vez, entre gente adulta.
Todos saben una versión del cuento de la casona de San Isidro, donde dos hermanas duermen agarradas de las manos una noche, y al día siguiente se dan cuenta de que, por la distancia que había entre sus camas, jamás podría haber sucedido.
Muchos conocen el caso,(y hay quienes juran que les pasó a ellos), de la señora que levantan haciendo dedo y en una oscura curva cerrada les advierte, señalando con un pálido y escuálido índice, Cuidado! Esta curva es peligrosa!! , para desaparecer en el acto..
O el cuento del adolescente que siente voces que no lo dejan dormir,y rasgan sus sábanas de noche, hasta que un cura le sugiere que rece por las almas del purgatorio, que se lo estan pidiendo. Y lo hace. Y desde ahí, nunca más las voces.

La tormenta se siente mas cerca. El vino, áspero en la garganta...
- Ya les dije que a mí me dá pánico lo sobrenatural? Please, aflojen con los fantasmas y esas pelotudeses, porque la paso como el culo, yo.
Se vé que se apiadan de mí, o que hay sueño, porque empieza a levantarse la ronda y cada uno marcha lentamente a su cuarto.
En el mío se sienten los murciélagos que andan por el techo, pero eso no me importa nada. El ruido reiterativo, como golpecito de mano en el vidrio de la ventana, si.
Aunque trate de autoconvencerme de que es la perra con la cola, o cualquier otra explicación racional, no puedo tranquilizarme.
Duermo con una luz chiquita prendida. Total, mañana puedo decir que me venció el libro que leo y que caí rendida con él en las manos.
O puedo decir que sí, que tuve miedo, también.

Lo que aprendí estos días

Que los bebes de siete meses todavía no gatean.
Que los chichones en la frente de los bebes de siete meses se curan con manteca.
El significado de andar en ancas: Pertenecía a la cultura del yo-solita, antes...
Que los sapos pueden sobrevivir a casi todo, incluso a un par borregos aburridos.
Que si rezo con mucha fuerza a la noche y creo en lo que estoy pidiendo, la tormenta pasa de largo.
A hacer tortas con lo que hay. Y a hacerles creer a los demás que es flan-pie, una especialidad de la casa.
A llegar sin gps y sin perderme casi en ningún caminito de tierra.
A escuchar. Cebando mates, sin intentar imponerme. Y lo lindo que se siente.
A secar lágrimas y dejar que sequen las mías.
Que la Cruz del Sur es un privilegio que tenemos los de este hemisferio y nadie más, por mas primer mundo que sean.
Que se puede calentar agua en una botella de plástico sobre las brasas y no se derrite. ( Y que muchas veces tengo que tocar las llagas para creer, como en este caso)
Que puedo construir con una ramita de árbol y algo de idea, una varita de Saorí... para encontrar el amor de mi vida.
Que los hijos crecen todos los días, aunque no lo veamos y que recién me doy cuenta cuando galopan delante mío, de que ya son tan grandes.
Y que esa sonrisa enorme de dientes blancos y su larguísimo pelo rubio que me espera en la tranquera, es el refugio calentito y seguro, al que siempre quiero volver.

Hay alguien ahí?

8 feb 2010

Mañana...

Me voy a hacer tortas de limón, a mirar las estrellas, a contar cuentos inventados a hijos propios y ajenos, a abrazar amigos, a comer asaditos al lado del fuego, a huir de un tero, a andar a caballo con Isa y con Vicky y conversar mucho por el camino de vuelta, y a planchar mis pensamientos hasta convertirlos en llanura pampeana.
Me voy al campo, ya lo dije?

7 feb 2010

Live together, forever and ever

Hay detalles en la vida diaria que hablan mas de nuestra personalidad que un test de Roscharch, poe ejemplo.
Estamos los que nos tiramos despatarrados en un sillón y cambiamos cada medio segundo la programación de la tele, haciendo zapping hasta encontrar algo mas o menos razonable, con lo primero que sacamos de la heladera, que puede ser una banana, o un pote de dulce de leche con la cuchara fría, porque estaba también dentro del pote y en la heladera, claro.
Y estan los que sacan lápiz de color y marcan la revista del cable, planificando lo que van a ver ese día. Las aventuras de pocoyo, que empiezan en diez minutos veinte segundos, y analizan si Patito feo ó un documental de amebas australianas. Todo eso sentados a la mesa, con galletitas y manteca repartida perfecta hasta tapar todos los bordes de la criollita en cuestión. Y en un plato.
Yo vivo con alguien así.
Increiblemente lo parí. Y todavía no lo interné en el Borda por transtorno obsesivo compulsivo.

Los pies de papá

En lentas conversaciones con su padre iba
por fin limando la distancia que siempre los
había separado.
Después se despertaba.
( Ella contaba cuentos Chinos,
de Rosalba Campra)

-Bueno, flaca. Venite. Ya pasó.
Ay no...Ya?
Recién llegaba y le estaba dando de mamar a mi hijo recién nacido. En el camino de vuelta había pensado todo el tiempo en los pies de papá. Llovía y hacía mucho frío y la gente se peleaba por subir al colectivo antes que todos. Alguno me habrá puteado en silencio cuando no me movía del asiento en la siguiente parada, pero yo miraba las gotas que caían por la ventanilla y hacía como que no me daba cuenta.
Papá usaba borceguies cuando jugaba a la guerra y unas botas marrones si montaba, pero cuando estaba en casa andaba descalzo. Madre se quería morir, le parecía un espanto, un horror inconcebible. Un atropello a la urbanidad. Sobre todo cuando había invitados a la hora del té. A mi sí me gustaba, y lo esperaba para sacarme las esquipis transparentes y jugar una lucha de dedos de las que siempre salía campeona con medalla de honor y todo.
Yo era tan chica, y por supuesto, no sabía lo que traían esos zapatos que quedaban en la puerta de entrada de servicio. En mi historia existían los montoneros, que eran los chicos malos. Y nos iban a matar si no salíamos del barrio acostados sobre el asiento del falcon, escondiéndonos. Y, obvio, eso era lo mas natural del mundo. Volvía del jardín y le contaba a la maid: Adiviná que?? Hoy no me mataron!
Y no había otra parte del cuento. En verdad si la había, pero la descubrí años despues, y nadie me la contó. Fué una suerte antagónica de perdones y culpas. De olvidos y de no-me-voy-a-olvidar-nada, pero siempre supe que los pies de papá, los que luchaban conmigo, descalzos,no tenían nada que ver con sus otros pies, los que caminaban por el Campo de Mayo. Eso me ayudó a volver.
Por eso estaba ahí esa tarde que llovía afuera y adentro del hospital, y hacía frío.
Siempre hace frío en el hospital militar. y los días son grises y húmedos,aunque se les ordene que no lo sean.
Uno de mis hermanos le tocaba la cabeza mientras la enfermera soldado le limpiaba la sonda. Ya no reconocía a nadie. A veces me acercaba un poco y me decía algo. Una voz deformada, la voz de otro. Cero de la huella musical que podía escuchar en la de él. Ese no era mi papá.
Salvador, el mas chico de nosotros, se sentó en el borde de la cama y y ví como empezaba a acariciarle despacio y uno a uno los dedos del pie.
Sí que era papá.
Me quedé mirando por la ventana que daba a Luis M. Campos y me puse a llorar como una histérica.
-Que te pasa,boluda??
-Nada, forro. es que me dá nostalgia ver el 67. que se yó.
-Porqué no te vas a Libertador y dormis un rato? Estás cansada... Si pasa... te llamo.
________________________________

-Bueno, flaca. Venite. Ya pasó.
Ay no...Ya?

6 feb 2010

Algo nuevo

Hoy hay ganas de escribir, como casi todos los días.
Pero a veces está bueno hacerlo en papel y dejar que las palabras corran como quieran salir, sin negarles el derecho de mostrarnos lo que somos.
Estas me cuentan cosas que no sabía de mí. La calma. La paciencia. La búsqueda tranquila. La espera sin apuros.
Y las dejo ahí, porque es el lugar donde quiero que se queden
Porque las palabras una vez plasmadas en algún lugar, ya no son de quien las escribe sino de quien las necesita. Y hoy las necesito yo. Conmigo.
Mientras tanto les regalo la música, esa que seguro ya estan escuchando.

Looking from the window above
It's like a story of love
Can you hear me?

5 feb 2010

Despertares

El perfecto castigo a mis cara de culo matinales es haber parido una hija que se levanta cantando.
Hija mayor es feliz desde temprano, y a mi me violenta. No el hecho de que sea una mina feliz, claro.
El silencio en mi desayuno es tan vital como el café y el jugo de naranja. Absolutamente necesario. Para encarar lo que venga, para enfocar en rutina o en la falta de ella, que sucede bastante seguido. La nada misma, versión A M.

4 feb 2010

Jámlet, con jota de Julio

Las siestas de Tata, en el campo, eran sagradas.
El estanque con sus renacuajos, las excursiones al casco viejo y las cabalgatas a pelo hasta la casa de las gringas, quedaban vedados hasta nuevo aviso.
Después de comer, los primos nos sentabamos en la galería de las hortensias, al fresquito de la sombra para aburrirnos soberanamente y esperar el fin del toque de queda, a eso de las cinco. Jugabamos al ajedrez en oficio mudo. Panchito, uno de los primos del medio, se sabía una jugada buenísima, que yo no podía descubrir aunque estudiara el tablero durante horas, y a la segunda movida, el tipo te hacía un jaque. Como a mí nunca me gustó mucho eso de perder, no encontraba salida más decorosa que sacudirle con furia los alfiles, peones y reina por la cabeza, clavarle las uñas en los antebrazos y rodar a las trompadas limpias por las baldosas hasta el pasto. Calladitos la boca, eso sí.
Después "el negro" se quedaba leyendo patoruzito con los demás, que por supuesto hacían yunta con él, de tan calzonudos que eran, y yo malherida, despeinada y altanera, me exiliaba en el escritorio. Me sentaba cerca de la ventana para que me vieran y garabateaba en una hoja haciendome la misteriosa, pero ellos ni bola.
Así, desterrada por mal perdedora y embolada de escuchar roncar a mi abuelo del otro lado del pasillo, fué que se me ocurrió hacer algo con los garabatos, y salió novela.
Empecé por el título, La vida no es color de rosa. Era un tanto pretencioso, pero sonaba copadísimo.
Fatalista por derecho, y con las bondades de poseer una imaginación florida, andaba por todos lados con un block de hojas que me habían traído los reyes, llenando páginas con las ideas que brotaban a borbotones y que escondía celosamente no sé de quien, pero el plan era seguir generando misterio a mi alrededor.
No me acuerdo exactamente la trama, pero tenía castillo, gente malamalísima que eran los millonarios, y gente buenabuenísima, que eran los crotos, obvio. Una historia con todos los condimentos para convertirse en culebrón, digamos.
Pero resultó que, en el entusiasmo de principiante, se me había ido un poco la mano con la cantidad de personajes creados. Tenía que ir cerrando el tema por falta de espacio en block, y el pequeño detalle técnico afloraba.
Resolver la vida de mis criaturas en media página, era lo que me quitaba el sueño por esos días de calores entrerrianos.
El genial fin se me reveló una mañana, cuando volviamos del pueblito vecino, de hacer algunas compras, y de la mano de un viejo tío escritor de la familia, Julio Irazusta.
Entonces agarré y metí buenos-malos-huérfanos-ricos-pobres-la bibliayelcalefón en un colectivo, los mandé a comprar el pan y el diario a la Aldea San Antonio, y en trágico choque, los maté a todos.
Y me fuí a cazar renacuajos al estanque, con Panchito que ya me había perdonado.

2 feb 2010

Rapunzel

Siempre quise tener el pelo largo. Larguísimo. De chica lloraba horas enteras ante el espejo del baño, cuando madre decidía, cada dos meses mas o menos, retocar mi cortecito carré con tijera y sin piedad. Cinco centímetros bajo la oreja, era lo políticamente correcto. Raya al costado, y hebillita de carey. Un embole.
Como a los doce madre perdió todo interes en mí, y me dejó hacer. La libertad llegó con el boleto de colectivo de línea para ir hasta las clases de inglés, los vueltos enteros para comprar chicles jirafa y muchos elastiquitos de colores que ataran mi cada vez más larga cola de caballo.
Durante la adolescencia, mi pelo resistió eterno, con ondas e impoluto, sin sucumbir a la tentación del rubio platinado, que fué marca registrada allá por los noventa. Bueno, con la excepción de un mechón que me desteñí un verano en el mar, cuando me hize también un tatuaje de mentirita en el tobillo derecho.
Hoy que intento parecer adulta, sigo resistiendome a cortarlo. Me gusta, me resulta cómodo,y cuando no, armo rodete despejando la nuca con dos palitos chinos, ponele. Y acabose el tema.
A veces, sobre todo cuando empiezo peligrosamente a asemejarme a Cris Morena, reconozco que amerita un corte.
Entonces, acudo a peluquero amigo, que comprende concepto "solo las puntas", y entiende cuando alguien como yo describe lo que quiere repitiendo palabras como onda, capas y cortá poquito.
Cortá pero que no se note.
Porque yo lo quiero largo, largo...
Para hacer una trenza gigante y fuerte,que pueda tirar desde mi torre, y que él pueda subir por ella hasta mí. Siempre. Sin puertas.

Requiem para la galera de un mago

-"Bancáme un segundo,eh? Bancá..." Le pido haciendo seña con mano derecha de uñas recien pintadas, al zorro gris que espera paciente bajo el inclemente sol de mediodía tandilense. Desabrocho cinturón de seguridad, pongo freno de mano, y me bajo, porque ahí adentro no puedo. No sé porqué, pero no puedo, yo.
Me siento en el cordón de la vereda con la cartera gigante de cosas tan necesarias para la supervivencia diaria. No vá a ser fácil encontrar el carnet, me parece que lo sabe, pero no dice nada él. Solamente me mira, desde ahí arriba, y abre los ojos cada vez un poco más.
Formo filita con mis pertenencias, a saber: esmalte de uñas frambuesa, crema para la cara, otra para las manos, una lapicera cross y una bic, agendas años 2008 y 2009 (dos diez todavía no tengo),varios sugus verde claritos que no me gustan y siempren quedan, un paquete de pañuelos descartables, una linternita amarilla, anteojos para sol, anteojos para ver, anteojos para leer, billetes de dos pesos y uno de diez, monedas de centavos, pounds y ten pences, un pintalabios de princesas disney, entradas de cine de hace como una semana, tickets de Monarca, Disco y Falabella, llaves de mi casa, de la de Vicky y de la de Mili, un control remoto que no sé de donde salió, el celular no, obvio,porque me lo olvidé en Butik, un diente de leche y, junto con la tarjeta de débito y las cuatro azules de la pre-paga, vé la luz,por fin, el buscadísimo carnet pedido.
Se lo extiendo, victoriosa, tapando con el pulgar la foto, de tan coqueta que soy.
"Es que abrir mi cartera es como entrar al ropero de Narnia, viste?", digo para justificar tanta pérdida de tiempo.
Me devuelve el carnet, serio. Y mientras ayuda a que todo vuelva a su lugar, me desea que tenga un buen día. Le dejo los sugus manzana. Total, no sabe.
Y se rie, eh?. Zorro se rie, no más.

1 feb 2010

Every breath you take

Levantar ropa tirada por el piso, juntar libros y juegos que no llegaron a ordenar,
destaparlos un poco cuando el calor no se soporta y correrles el pelo de la cara para verlos así, cada vez menos míos y mas dueños de sus propios caminos.
Acariciar sus perfiles suaves que van adoptando día a día los rasgos por los que trabajo duro, sin cansancio. Rasgos de gente de bien, de buena madera.
Y acercarme tanto, tanto, para escucharlos respirar.
Que nunca dejen de hacerlo.
Mirar mis hijos dormir es reconciliarme con la vida todas las noches.

31 ene 2010

Mam

El calor afloja. Y hace que Buenos Aires sea casi tolerable bajo mis chatitas animal print.
Las caras terribles de ayer se disipan. Aparece el gesto amable del señor quiosquero y la sonrisa genuina del mozo de turno. Todos somos buena gente, otra vez. Hasta que el termómetro dicte lo contrario.
Tomamos cortados en jarrito y coca light con mucha charla, en La Biela con Tomás, un ritual que tiene la particularidad de dejarme lisita y mansa, como una siesta de verano salteña.
Atardece rápido, y nos despedimos con las risas y mi promesa de continuar relato inconcluso, la próxima vez. Decido que ya es hora de la visita de rigor, y apuro, entonces, las dos cuadras que me faltan por Alvear, apretando librito entre las manos. Nunca sé que regalarle a ReinaMadre, y la opción-libro siempre me deja bien parada y rinde doble: no es gran lectora, pero al menos agradecerá efusiva, aunque sin dignarse siquiera a leer la contratapa. Y en pocas semanas volverá a mis manos, previsiblemente. Un auto regalo que me hago, ponéle.
El portero me saluda y entrega carta para el tercero A. Trato de espiar el montoncito que apila sobre el banco al lado del ascensor, quiero saber si son para la caricatura que se dice huérfana de presidente americano asesinado, y que te lee el pensamiento en el quinto piso por una nada módica cifra, pero no me deja. Las esconde como secreto de estado, y le hago pucherito y pestaneo muchas veces , mientras espero que avise que subo. "Sube la señorita", dice, el muy amoroso.
ReinaMadre me espera con la puerta abierta, adelante de la estatuachinatraídadechina, que asusta siempre a los bisnietos mas chicos, al punto de hacerlos pegar la vuelta y entrar por el cuarto de servicio. La eterna colonia inglesa se mezcla con el olor de la casa cuando me besa dos veces en el aire, y me invita a pasar.
Vá y viene por el comedor oscuro, corriendo cortinados, dando órdenes para la mise en scène de la que seremos únicas protagonistas. La hora habilita, junto con el té-comida que es su especial forma de agasajo, a tragos mas fuertes que el lapsang souchong. Ofrece gin & tonic y margarita (noto que pronuncia marguerita), para acompañar el budín con canela de Cata, la paraguaya que la sobrevive a diario, y los sandwichitos que son de supermercado aledaño. Supongo que bajé un par de escalones en su estima y ya no ostento rango Dos escudos. Menos ahora, que existe suplente en la vida de nieto mayor y ex marido, respectivamente. ReinaMadre ya no lucha por imponer voluntades, pero no se resigna fácil: todavía me puedo ver entre los retratos que estan sobre la chimenea, vestida de novia junto a las demas novias de todas las generaciones familiares. Y yo agradezco el gesto, aunque no lo digo.
Mas tarde, en el living, hablamos bastante sin decir casi nada, y observo que bebe mucho y sigue fumando larguísimos Benson & Hedges, como la verdadera, la de corona de oro y kilt escocesa. Busco, en las penumbras, la cigarrera de plata que tiene sobre una mesita baja y elijo uno finito y mentolado, que enciendo junto al ventanal que dá sobre Callao. Apoyada sobre el marco, las luces de los autos que bajan hacia la esquina me reflejan de manera intermitente sobre el espejo grande. Como una Lady Di, pero en jeans y con pelo largo. Sin el Pont de l'Alma, eso si.
Y juro que casi me la creo.

28 ene 2010

Una palabra

Parecíamos los bicivoladores. Y nos la creíamos, que era lo tierno de todo el asunto.
Yo volaba en una aurorita amarillodorado, que fué la que me acompañó como hasta los doce, levantandole el asiento cada año que pasaba. Los I eran mis vecinos, y el mas grande tenía una bici de cross, que era lo más. Por eso era el jefe, obvio. Y aparte porque, por esos tiempos, era el único que sabía escribir con el jugo de las hojas de una planta pinchuda en las callecitas del barrio militar donde vivíamos.
Una tarde de invierno, después de los deberes hechos y el nesquick liquidado, la bandita planeaba llegar hasta el ombú de la iglesia, porque sabíamos que ahí dormía hasta casi entrada la noche, una borracha. Que, encima, era bruja, según los dichos de algunas maids. Los valientes adelante. La aurorita amarillodorada secundando la de cross, no podría haber sido de otra manera, y detrás el resto, muertos de miedo, pero sin animarse a contrariar al caudillo y su delfina.
Una cuadra antes de llegar, desde donde ya se veía el árbol y se intuía la figura echada a las raíces, bicicross detiene la marcha. Busca una hoja de la planta pinchuda, la parte y escribe en el cordón de la vereda de las chicas R . Después gira, y me pregunta si conozco esa palabra, escrita ahí con sangre verde.
Con el pie izquierdo sobre el pedal, y el otro apoyado sobre el asfalto, prefería morir arrollada por un tren o secuestrada por el Erp antes de reconocer mi ignorancia. Sin responder la pregunta, levanté la pera, la nariz al cielo, y tirando un poco las trenzas para atrás, elevé hombrito y salí pedaleando airosa, hacia donde nos esperaban los demás.
Ese día leí por primera vez la palabra coger.
Años mas tarde, descubrí lo que significaba.
Y mucho, mucho tiempo después, lo bueno que estaba.

mal timing

El timing lo decide todo.
Nos resignamos a suponer amor no correspondido al amor a destiempo,
que es una tragedia infinítamente peor, pero evitable.

Supongo que debí escribir esto mucho antes.
O mucho después.

23 ene 2010

Cotidiana. Un encanto.

Llegar a la pileta para el sol mañanero, que es el que dá el mejor dorado. Y acordarse de rotar cada media hora, para conseguir un tostado parejo. Mientras, intentar leer un libro de García Marquez,pasando las hojas sin entenderlo demasiado, o estando en la luna...
Agarrar el bolso e irse sin dar demasiadas explicaciones,
parar en el mercadito para comprar un rico paté de hongos y pan francés. Y a la salida, porqué nó?, un ramo de jazmines que huelen tan a verano.
Llegar a casa y tomar un enorme vaso de agua fresca, preparar café, y sacarse la ropa para entrar, primero el pie izquierdo comprobando la temperatura perfecta, a una bañadera tibia y espumosa de tilo y menta.
Darse cuenta, al terminar de pintarse las uñas de color rubí, que lo que tarareabas era Arjona, y eso que el tipo no te cae...
Usar una crema nueva que deja la piel suavecita. Y sorprenderse porque todo sigue ahí, en el mismo lugar, aún despues de tantos años y tantos hijos.
Mas tarde ir hasta el ropero y sentarse enfrente, con todo el tiempo del mundo, a elegir: Vestido negro de algodón, que muestre las piernas, o jean y alguna remera clara y sin mangas, para que los hombros sean los protagonistas.
Buscar zapatos, cómodos o no tanto. Pero que te hagan caminar como una reina.
Desplegar todas las sombras, rimmel y brillos labiales que quepan en tu bolsito mínimo, y dar lugar a la transformación que, probablemente, solo una misma vea.
Y , por fin, el ritual último, el de antes de salir: Dos gotas de perfume en las muñecas y el cuello, como sutil indicador de por donde hay que empezar...
Tiene su encanto esto de prepararse para un hombre.
A mí no me digan que no...

16 ene 2010

Paz, y el susto de aquel día.

Para Sole Campos. porque sí.

En la playa siempre hay un chico que se pierde. No existe nada mas natural ni mas angustiante. Es el momento tenso del día, cuando el aire se corta solo, desde el lado de la ausencia, mientras en otro se aplaude a rabiar con el chico goteando mocos sobre la cabeza del que lo lleva en andas. Eso hasta que los dos grupos de gente se encuentran, y todos felices. Nadie cuestiona a los responsables del menor perdido porque es vox pópuli, aún en las desiertas playas de Chapadmalal, que los chiquitos caminan hacia donde los lleva el viento, y terminan donde Dios o una escollera lo disponga.
Pero perder una hija de cuatro años,traje de baño floreadito, ojitos claros,y (detalle...) parálisis cerebral, ya era como mucho.
El balde y la palita verdes quedaron, junto a otros dos críos no mucho mas grandes, a la buena de Dios, mientras el padre y yo salimos eyectados hacia lugares opuestos de la playa.
Fatalista como soy, busqué primero en la orilla, y despues mar adentro, el andador flotando entre las olas.
El padre, prudente,si se podía llamar prudente a alguien en nuestra condición, buscaba entre los autos estacionados, la cara de algún secuestrador serial o algo que se le parezca. Y nada.
Ya con la mínima tranquilidad de suponerla viva y entre nosotros, se nos ocurrió rastrillar dentro del balneario mismo.
Fila tres. Carpa cinco. Festejaban cumpleaños con todo. Por supuesto, ahí la encontramos. Sentada en la falda de la abuela del cumpleañero en cuestión, devorando un triple de miga con mas hambre que niño hallado (nunca mejor usada la metáfora),vaso de coca-cola con pajita psicodélica y bonete.
Y ahí nos quedamos, paraditos y en silencio, como alumnos en penitencia, esperando que soplara las velitas (ella,eh?), que le dieran su porción de torta y la consabida bolsita de sorpresas, porque antes hubiera sido imposible arrastrarla hasta nuestra espartana existencia,un par de filas más allá.
Así volvimos, caminando. Con un arsenal de comida en nuestro poder y con Paz. Radiante su sonrisa, y un globo atado al andador.
__________________________

(No me pidas, Señor,
que acepte tus caminos sin rebelarme.
Que no se haga tu voluntad...
Pero, si no me queda otra,
aquí tienes mi costado.)

12 ene 2010

Pocahontas, o poca onda

Quien tiene hijos sabe que los chicos, de chiquitos, hacen monerías divertidas.(al menos para uno, que los cree casi Einsteins en potencia). Gestos, fracesitas ingeniosas u otras ocurrencias que pasan a la historia familiar, de algún modo.
La criatura repite hasta el hartazgo su secuencia,sin sospechar que quedará grabada a fuego en la memoria de su poco objetivo público.
Y que será su karma durante mucho, muchísimo tiempo.

De Nachi,mi hijo del medio, a mí me derretía una especie de saludo indio que hacía, copiado de un DVD que veía todas las mañanas,sin excepción. Bastaba que le pidieras "A ver, Nachito, dale, hacéme a pocahontas", que el tipo, con la mejor predisposición del mundo,dejaba aquello que fuera que estuviese haciendo, se paraba,derechita la espalda, sacando panza sobre el pañal, la vista fija en un punto lejano...y, con la palma hacia uno de su manito abierta, trazaba un círculo en camara lenta,que abarcaba mas o menos, desde el ombligo hasta la cabeza. Y, desde atrás del chupete, culminaba el ritual con algo que sonaba a HAO...

Ahora anda por el campo, con amigos y primos, tan lejos de esas épocas.
Pero viene corriendo, a dejarme un rebenque que no necesita. Y no lo resisto. Le pido, le imploro: "Dale, Nach...pocahontas,daleeeee...pliiiiis!!!"
"Ay,mamáááá..." Y pone los ojos en blanco. Y después mira para los costados, por las dudas. No vaya a ser que alguien lo vea. Y hace circulito rápido, medio escondido.
Me abraza y se vá como vino, corriendo, hasta el galpón, a ensillar su yegüita.
Y está bien que así sea.

El primero

Hoy, pero de hace veinte años, era el cumpleaños de Milagros, la hermana de Agus,
que era de mis más amigas.
Habíamos ido en grupo al campo de los Della Chiessa a festejarlo. Con hamburguesas y pileta, y cabalgatas, y todas esas cosas que se hacen a los quince, ponéle.
Eramos un montón. Y todos sabían. Hablábamos bajito, las que estabamos en el borde de la pileta y mirábamos de reojo, como quien no quiere la cosa, a los chicos que jugaban un picadito,y que también se decían cosas en voz baja y lo empujaban un poco a él,y lo despeinaban a cada rato,y se reían.
Me acuerdo porque ese día fué el final de La extraña dama.
Y porque Eduardo, mi novio desde hacía como un mes, me había dado mi primer beso.

10 ene 2010

El doctor

Aunque esté bajo la sombra de los árboles el calor es insufrible. Opto por sambullirme en la pileta grande otra vez más.Y nadar unos largos,antes de volver a la sombrita redentora.Porque al sol no se puede,no. Hasta los pájaros lo saben,que ni chistan. La poca gente que hay,tampoco.O hablan tan bajo,que ni los oigo. El silencio y los treintaysiete grados celsius. Y una coca light con mucho hielo.Y un libro. Es la gloria,esto.
Desde el borde donde estoy descansando después de un poco aceptable,aunque heróico crawl,se vé parte de la cancha, y por supuesto,nadie que se le anime. O casi.
El hoyo cinco, es lo que se vé. Y el doctor. El reflejo en sus anteojos de miope me encandila,pero distingo que lo que empuña no es bastón.Es un putter,supongo.
Parado sobre el pasto amarillento y seco del mediodía,sin que su cuerpo haga un poco de sombra,siquiera,se pasa una brazo por la frente,y acomoda los palos en la bolsa.
fantaseo con que,en un rato hará su entrada triunfal una ambulancia del CAMI, y que tendremos un espectáculo indigno pero gratis los que estamos de este otro lado. Precavidos,y untados en pantalla solar absoluta,mañana lo recordaremos algo compungidos,y con cariño. Todos tendremos nuestra versión escabrosa de su final,con lujo de detalles,para contar durante lo que quede de la temporada.

Antes de irme,paso por la recepción para saldar deudas y esas cosas.
Alguien entra. Es el doctor,que,haciendo gala de una frescura conmovedora, me mira,saluda,y espía el libro que tengo en las manos.Silvia Plath (Daddy,es..),y hablamos un poco de literatura,de la de allá y la de acá,me cuenta que le gusta la poesía de Plath,y que qué raro,una chica de mi edad,que lo sorprende leyendo eso.
-Pensé que eras más...más...-Busca palabra atinada,de tan educado,él.
-Básica?
-Elemental,hubiera dicho. Pero básica es,si, mas actual. Básica... Y paladea las letras.
Y nos sonreimos los dos.
Elemental,básica y con una imaginación a prueba de balas.O de octogenarios golfers.

Cierro el bolso,me arreglo un poco el flequillo y despues de firmar,me voy.
Y el doctor no muere, por supuesto.