14 feb 2010

Je le veux magique

En el escritorio de la casa de mis abuelos había una pared llena de fotos antiguas. Convivían ahí daguerrotipos ridículos de tatarabuelos desconocidos con fotos un poco mas actuales, tipo años 30 ó 40, supongo.
A mi me encantaba una en especial, que era en sepia y tenía los bordes con olitas. Alguna vez pregunté y me dijeron que fué sacada en el campo de unos amigos, en Ascochinga.
Me gustaba descolgarla y sambullirme en el sillón-de-leer de Tata para estudiarla
Me resultaba increíble que esas dos personas sentadas en una terraza gigante, hayan sido los que entonces eran mis abuelos. Ni remotamente se me había ocurrido pensar que alguna vez ellos también fueron jóvenes.
Lala tenía el pelo dorado y bastante largo, casi hasta los hombros, cubierto por un pañuelo de seda con grandes dibujos, y unos anteojos de marco claro, enormes, como de Greta Garbo. Y en las manos entrelazadas sobre las rodillas,las uñas perfectamente coloradas y el anillo de piedra azul que usaba en el dedo mas chico, dos cosas que heredé.
Tata llevaba una boina a cuadritos chiquitos, parecida a las que usaba en el campo todos los días, y se hacía sombra con una mano, tipo visera, para tapar el sol y ver. No miraba a quien estaba sacando la foto, ni a las sierras. La miraba a ella.
Había algo en esa mirada que me decía que alguna vez se habían amado mucho, y a mi me daba vergüenza admitirlo.
Como cuando terminaban de comer, alguna noche cualquiera entre semana y porque si, abrían un suter etiqueta marrón que era lo que se debía tomar entonces, y ponían en el tocadiscos a Louis Armstrong o Ella Fitzgerald y bailaban C'est si Bon, muy cheek to cheek, y se daban picos en la boca. Ahí era donde yo salía escandalizada de mi escondite para poner fin a tal idilio. Ellos se reían y se daban picos mas largos, mientras yo me tapaba los ojos y gritaba: Puajjjjjjjjjj! Que ascoooo!!!
Si. Era obvio que se adoraban, aún después de tantos años.

Lo que a mí en ese momento me avergonzaba,
hoy se me antoja mágico.