6 jun 2010

La vida en merlot

Los sábados a la noche son para salidas tipo ir a bailar, vodka tonics, gente , gente y mas gente, y esas cosas que a mí hoy me dan tanta fiaca. Un poco debe ser por el frío, y el otro poco debe ser por la edad, a quien le voy a mentir.
Él llega de Buenos Aires, y llama en el momento justo en que estoy por meterme entre el edredón y un buen libro. Agradezco mentalmente que el programa en sí arranque medio temprano, e incluya comida con vino en copas y mucha charla de sobremesa, y que Si querés, vamos al cine. Pero juráme que no vas a llorar, nena, eso sí.
Lo aclara porque fueron muchos los años de pochoclo compartido, y pañuelos que me pasaba, mirando para el otro lado, poniendo cara de a esta loca no la conozco, la asisto de pena que me dá, no más.
Hemos vivido momentos intensos, si. Desde ET y su phone home... phone home... que partía el alma, hasta El Campeón, pasando por Died Poet Society, y las que no se acuerda, y yo tampoco.
De todas maneras determinamos, mientras le estiro dos dedos como haciendo el gesto de victoria y que descifra como que me tiene que pasar el cigarrillo, que lo mío no es sensibilidad de corazón, sinó mas bien de córneas.
Según él, mi peor papel fué con "La vida es bella".
Parece que fué un escándalo, y que tuve que quedarme a oscuras sentada un buen rato llorando sola, e irnos cuando no quedaba nadie, solamente nosotros, y mi cara que no era mi cara, sinó una deformación de mi misma.
Con "Los puentes de Madison" necesité ir al baño a calmarme y rodé por las escaleras, lo que es mucho más cache que llorar en público, concluimos ahora, mientras terminamos el pollo a la portuguesa y el merlot que yo claramente no elegí. Caerse es lo menos.
Y yo lo sigo haciendo bastante seguido.