12 feb 2010

Uno de miedo

Todo empieza cuando alguien comenta, en la ronda formada cerca del fuego, que una conocida muere de extraña manera durante una cacería en Francia.
Las sombras que dibuja la fogata sobre las caras familiares y tal vez el vino, un torrontés del sur, crean clima propicio para los cuentos fantasmales, como una especie del juego ese de la copa y la mesa de tres patas que jugabamos las noches de tormenta cuando eramos chicos, pero esta vez, entre gente adulta.
Todos saben una versión del cuento de la casona de San Isidro, donde dos hermanas duermen agarradas de las manos una noche, y al día siguiente se dan cuenta de que, por la distancia que había entre sus camas, jamás podría haber sucedido.
Muchos conocen el caso,(y hay quienes juran que les pasó a ellos), de la señora que levantan haciendo dedo y en una oscura curva cerrada les advierte, señalando con un pálido y escuálido índice, Cuidado! Esta curva es peligrosa!! , para desaparecer en el acto..
O el cuento del adolescente que siente voces que no lo dejan dormir,y rasgan sus sábanas de noche, hasta que un cura le sugiere que rece por las almas del purgatorio, que se lo estan pidiendo. Y lo hace. Y desde ahí, nunca más las voces.

La tormenta se siente mas cerca. El vino, áspero en la garganta...
- Ya les dije que a mí me dá pánico lo sobrenatural? Please, aflojen con los fantasmas y esas pelotudeses, porque la paso como el culo, yo.
Se vé que se apiadan de mí, o que hay sueño, porque empieza a levantarse la ronda y cada uno marcha lentamente a su cuarto.
En el mío se sienten los murciélagos que andan por el techo, pero eso no me importa nada. El ruido reiterativo, como golpecito de mano en el vidrio de la ventana, si.
Aunque trate de autoconvencerme de que es la perra con la cola, o cualquier otra explicación racional, no puedo tranquilizarme.
Duermo con una luz chiquita prendida. Total, mañana puedo decir que me venció el libro que leo y que caí rendida con él en las manos.
O puedo decir que sí, que tuve miedo, también.