12 ene 2010

Pocahontas, o poca onda

Quien tiene hijos sabe que los chicos, de chiquitos, hacen monerías divertidas.(al menos para uno, que los cree casi Einsteins en potencia). Gestos, fracesitas ingeniosas u otras ocurrencias que pasan a la historia familiar, de algún modo.
La criatura repite hasta el hartazgo su secuencia,sin sospechar que quedará grabada a fuego en la memoria de su poco objetivo público.
Y que será su karma durante mucho, muchísimo tiempo.

De Nachi,mi hijo del medio, a mí me derretía una especie de saludo indio que hacía, copiado de un DVD que veía todas las mañanas,sin excepción. Bastaba que le pidieras "A ver, Nachito, dale, hacéme a pocahontas", que el tipo, con la mejor predisposición del mundo,dejaba aquello que fuera que estuviese haciendo, se paraba,derechita la espalda, sacando panza sobre el pañal, la vista fija en un punto lejano...y, con la palma hacia uno de su manito abierta, trazaba un círculo en camara lenta,que abarcaba mas o menos, desde el ombligo hasta la cabeza. Y, desde atrás del chupete, culminaba el ritual con algo que sonaba a HAO...

Ahora anda por el campo, con amigos y primos, tan lejos de esas épocas.
Pero viene corriendo, a dejarme un rebenque que no necesita. Y no lo resisto. Le pido, le imploro: "Dale, Nach...pocahontas,daleeeee...pliiiiis!!!"
"Ay,mamáááá..." Y pone los ojos en blanco. Y después mira para los costados, por las dudas. No vaya a ser que alguien lo vea. Y hace circulito rápido, medio escondido.
Me abraza y se vá como vino, corriendo, hasta el galpón, a ensillar su yegüita.
Y está bien que así sea.