El perfecto castigo a mis cara de culo matinales es haber parido una hija que se levanta cantando.
Hija mayor es feliz desde temprano, y a mi me violenta. No el hecho de que sea una mina feliz, claro.
El silencio en mi desayuno es tan vital como el café y el jugo de naranja. Absolutamente necesario. Para encarar lo que venga, para enfocar en rutina o en la falta de ella, que sucede bastante seguido. La nada misma, versión A M.