Estar resfriada vendría a ser algo así como una penitencia que me impone la memoria.
Suelo tener un registro particular de olores, que asocia situaciones, lugares y estados de ánimos a los olores que me los recuerdan.
Un domingo a la tarde, por ejemplo, tiene olor a scons, a frío y a sol de mayo. El campo en verano huele a traspiración de caballo. La colonia inglesa es mañana temprano, pelo húmedo y zapatos canadienses lustrados.
Mi olor, es el del perfume que uso todos los días, pero que no reconozco como mío si lo huelo en un papelito, o en otra persona, ponéle.
También asocio una marca determinada, a gente en diferentes momentos de su vida. El Anaïs Anaïs es olor a Vicky cuando-eramos-chicas, el flowers de Kenzo, en vez, es Vicky en-Ezeiza-llorando todos los septiembres, en cada despedida. Kenzo es triste para mí.
O el olor del perfume que tenía la mujer de papá, la noche que me fué presentada como tal, en una parrichota de Belgrano R.,y que quedará ligado a esa situación eternamente.
Pasaron tantos años, y sin embargo, al descubrirlo en la calle, en medio de un surco soporífero dejado por alguna señora chillona (aunque sea la versión barata de catalogo de cosmetóloga, igual califica),me vuelve esa extrañísima sensación de patada en el hígado que tuve aquel día.
El del Poison será siempre olor a conchuda.
5 jun 2010
3 jun 2010
Escribiendo
Quiero el libro de la risa y el olvido de Milan Kundera, y no lo encuentro. Acá se vé que lo que sale como pan caliente son los best sellers, no más.
Entonces me enojo, me rebelo, me indigno. Aunque no es tan terrible, después de todo: lo encargan, lo piden, lo traen, me llaman, lo busco, lo tengo. No es eso lo terrible. Es algo adentro mío, y no sé bien qué. Por eso escribo. Para tratar de poner orden a lo que me pasa por la cabeza. Como hice siempre, como sigo haciendolo todos los días, tipo ritual.
Y ya no puedo parar de escribir.
Escribir me ayuda a organizar mi interior. A entenderme. A conocerme.
descubro cosas que no sabía que estaban ahí, tan metidas adentro, y yo ni idea que existían. Me sorprende. Me gusta dejarlas ir. Me gusta escuchar lo que escribo.
Escribir calma. reconforta. ayuda. alivia.
Gracias a Dios, las palabras.
Entonces me enojo, me rebelo, me indigno. Aunque no es tan terrible, después de todo: lo encargan, lo piden, lo traen, me llaman, lo busco, lo tengo. No es eso lo terrible. Es algo adentro mío, y no sé bien qué. Por eso escribo. Para tratar de poner orden a lo que me pasa por la cabeza. Como hice siempre, como sigo haciendolo todos los días, tipo ritual.
Y ya no puedo parar de escribir.
Escribir me ayuda a organizar mi interior. A entenderme. A conocerme.
descubro cosas que no sabía que estaban ahí, tan metidas adentro, y yo ni idea que existían. Me sorprende. Me gusta dejarlas ir. Me gusta escuchar lo que escribo.
Escribir calma. reconforta. ayuda. alivia.
Gracias a Dios, las palabras.
28 may 2010
Cotidiana. Modelo de alma.
Hoy tengo unos de esos días buenos y no sé de qué. De repente el tiempo es un asco y los programas son chinísimos, bien de viernes a la tarde, o sea inesperados, como beba de hermana con fiebre en casa, y chicos desparrramados y eufóricos y después, entonces hay que salir a la lluviecita, con chiquita enferma en ancas, a recolectar hijos y tocar puertas para adivinar en lo de quién terminaron y seguramente volver con algún adosado y tener que tirar un par de pizzas más de las previstas al horno y un colchón en medio del living, y eso.
Así y todo , me doy un baño largo, larguísimo y siento la piel suave cuando me toco, ahí, casi a la altura de los hombros, y me rozo un poco y me huelo. Tengo olor a vainilla y coco, casi que me dan ganas de comerme a mi misma.
Después me ato el pelo con unos de esos ganchos que colecciono, me tiro encima un jogging gris y una remera de cuando jugaba al hockey, las zapatillas sin atar los cordones, el primer sueter que encuentro y un devaluado burberrys que descuelgo del perchero de la entrada.
Y salgo y vestida así, con bolsita de basura en mano, me cruzo a Vecino en el ascensor. Me mira extrañado. Como que no me reconociera en esas condiciones.
Hay veces que el exterior no condice con el interior de una misma.
Ya sé que parezco un cachivache, ya sé. Pero no sabés lo mona que tengo el alma hoy.
Una diosa.
Así y todo , me doy un baño largo, larguísimo y siento la piel suave cuando me toco, ahí, casi a la altura de los hombros, y me rozo un poco y me huelo. Tengo olor a vainilla y coco, casi que me dan ganas de comerme a mi misma.
Después me ato el pelo con unos de esos ganchos que colecciono, me tiro encima un jogging gris y una remera de cuando jugaba al hockey, las zapatillas sin atar los cordones, el primer sueter que encuentro y un devaluado burberrys que descuelgo del perchero de la entrada.
Y salgo y vestida así, con bolsita de basura en mano, me cruzo a Vecino en el ascensor. Me mira extrañado. Como que no me reconociera en esas condiciones.
Hay veces que el exterior no condice con el interior de una misma.
Ya sé que parezco un cachivache, ya sé. Pero no sabés lo mona que tengo el alma hoy.
Una diosa.
25 may 2010
Patriota
De repente me despierta el reflejo de los fuegos artificiales y el ruido, típico de año nuevo. Cagamos, fué lo primero que pensé, me dormí como medio año.
Pero no. Porque hace frío y éste es un país del tercer mundo y la navidad y esas cosas pasan en verano. Parece que es el veinticinco de mayo, a las cero P.M, y ya empezamos con todo.
Entonces me paro en pantuflas, el pelo todo revuelto y agarrado en un rodete con dos palitos chinos, mi piyama que reza CHICA BIEN sobre las tetas, y canto el himno nacional argentino. Por esta cosa que tengo de mandato familiar, bien castrense, ponéle, de que al himno hay que escucharlo de pié. y yo le agrego mi toque melodramático, y un poco cache, de ponerme la mano derecha en el corazón, justo sobre las letras IE de la remerita. Mañas que adquiere una, para darle un poco de color al tema.
Después la banda toca la marcha de san lorenzo, y me doy cuenta de que la canto entera y sin saltearme ninguna estrofa. Y nuestros granadeeeros aliados de la gloria inscriben en la historia su página mejor...
A veces no se que hacer con esta memoria selectiva que tengo para el registro de boludeses.
Tampoco sé que hacer, en rigor de verdad, con esta perra pelotuda que no para de ladrar con tantos cañonazos, y mucho menos qué se hace en estos momentos, por ejemplo, cuando de golpe me encuentro parada en un balcón a punto de agarrarme una pulmonía, paradita sola y mi alma, porque mi papá así me lo enseño. Y atajando lagrimones con los dedos, como vienen cayendo.
Intuyo, si no me fallan los cálculos, que me está por venir.
Pero no. Porque hace frío y éste es un país del tercer mundo y la navidad y esas cosas pasan en verano. Parece que es el veinticinco de mayo, a las cero P.M, y ya empezamos con todo.
Entonces me paro en pantuflas, el pelo todo revuelto y agarrado en un rodete con dos palitos chinos, mi piyama que reza CHICA BIEN sobre las tetas, y canto el himno nacional argentino. Por esta cosa que tengo de mandato familiar, bien castrense, ponéle, de que al himno hay que escucharlo de pié. y yo le agrego mi toque melodramático, y un poco cache, de ponerme la mano derecha en el corazón, justo sobre las letras IE de la remerita. Mañas que adquiere una, para darle un poco de color al tema.
Después la banda toca la marcha de san lorenzo, y me doy cuenta de que la canto entera y sin saltearme ninguna estrofa. Y nuestros granadeeeros aliados de la gloria inscriben en la historia su página mejor...
A veces no se que hacer con esta memoria selectiva que tengo para el registro de boludeses.
Tampoco sé que hacer, en rigor de verdad, con esta perra pelotuda que no para de ladrar con tantos cañonazos, y mucho menos qué se hace en estos momentos, por ejemplo, cuando de golpe me encuentro parada en un balcón a punto de agarrarme una pulmonía, paradita sola y mi alma, porque mi papá así me lo enseño. Y atajando lagrimones con los dedos, como vienen cayendo.
Intuyo, si no me fallan los cálculos, que me está por venir.
23 may 2010
Sundays
Tengo un domingo romántico. Por momentos de furia. Después me tranquilizo y otra vez me enfurezco. Y esta agüita que cae y no ayuda. Y se lleva tan mal con mi flequillo.
Pero nada, te dedico esta música. Que la puse otra vez. Pero diferente. Siempre diferente.
Pero nada, te dedico esta música. Que la puse otra vez. Pero diferente. Siempre diferente.
Las cruces de nadie

lluvia escarapelas frenchyBeruti dulce de leche El Himno Mariquita Sanchez de Thompson la birome San Martín Carlos de Alvear los campos grandes la oligarquía vacuna el colectivero las papas fritas los que se fueron a probar suerte y no vuelven los que se fueron y lloran por volver los malos presidentes los malos electores los buenos presidentes los electores que son los mismos maradona el gol a los ingleses Evita y Victoria Quinquela Martín la rambla el no te metás el asado de tira juntarse con amigosporquesí Belgrano y el Belgrano y todas las crucesitas blancas allá en el culo del mundo, donde nadie llega, ni con el pensamiento, donde el frío paraliza hasta el sentido real de patria, esa que ellos y solo ellos la hicieron. Que viva la patria, entonces. Porque ellos, no.
17 may 2010
Domingo, Oscar Wilde, y un momento intenso
Fuimos al Carrefour con Consu, a pesar de que era un quilombo de gente, y ya lo sabíamos. Buscamos lo que mas o menos nos gustaba para un té bien rico y programa de madre- hija, de esos que hacemos de vez en cuando.
Se quedó en la mesa de los libros, y eligió uno mientras yo iba de góndola en góndola tanteando quesitos y panes que valieran la pena.
Ella agarra un libro y me hace señas:
-Me lo comprás?
-Sí, dale. Llevalo.
No me fijé cuál era. Pagamos en la caja, guardamos todo, y ella agarra la bolsa y saca su libro, Mientras salíamos, empieza a leerme en voz alta.
El ruiseñor y la rosa.
Sigue leyendo mientras caminamos despacito. Ni nos damos cuenta de que la gente nos atropella, y pasa al lado nuestro con mala cara, malísima. Es tan lindo como lo cuenta. En algún momento dejamos de caminar, y la gente que seguía con la misma cara de orto, llevandonos por delante.
Y sigue leyendo. Cada tanto levanta la vista y me mira, y sigue, otra vez. Me emociono en algunas partes. Ella también. Se nos lleman los ojos de lágrimas que quedan ahi, medio contenidas, casi en el aire.
Llegamos al auto y ella sigue leyendo. No para de leer. Se sienta y se pone el cinturón de seguridad sin sacar los ojos de la página que lee.
Cuando llega la parte en la que el tipo le lleva la rosa a su amada y ella le contesta, nos miramos.Y sigue. Lee tan lindo!
Tenemos los ojos húmedos. Mientras vamos a casa hablamos del ruiseñor, del amor, del desamor, de los caprichos, las prioridades. Concluímos que el ruiseñor, finalmente, era el único que había entendido todo. El que creía en el amor de esos de verdad. El único.
Y nos quedamos calladas un ratito.
Me gusta ser madre de esta hija mía. Más que nada en el mundo.
Se quedó en la mesa de los libros, y eligió uno mientras yo iba de góndola en góndola tanteando quesitos y panes que valieran la pena.
Ella agarra un libro y me hace señas:
-Me lo comprás?
-Sí, dale. Llevalo.
No me fijé cuál era. Pagamos en la caja, guardamos todo, y ella agarra la bolsa y saca su libro, Mientras salíamos, empieza a leerme en voz alta.
El ruiseñor y la rosa.
Sigue leyendo mientras caminamos despacito. Ni nos damos cuenta de que la gente nos atropella, y pasa al lado nuestro con mala cara, malísima. Es tan lindo como lo cuenta. En algún momento dejamos de caminar, y la gente que seguía con la misma cara de orto, llevandonos por delante.
Y sigue leyendo. Cada tanto levanta la vista y me mira, y sigue, otra vez. Me emociono en algunas partes. Ella también. Se nos lleman los ojos de lágrimas que quedan ahi, medio contenidas, casi en el aire.
Llegamos al auto y ella sigue leyendo. No para de leer. Se sienta y se pone el cinturón de seguridad sin sacar los ojos de la página que lee.
Cuando llega la parte en la que el tipo le lleva la rosa a su amada y ella le contesta, nos miramos.Y sigue. Lee tan lindo!
Tenemos los ojos húmedos. Mientras vamos a casa hablamos del ruiseñor, del amor, del desamor, de los caprichos, las prioridades. Concluímos que el ruiseñor, finalmente, era el único que había entendido todo. El que creía en el amor de esos de verdad. El único.
Y nos quedamos calladas un ratito.
Me gusta ser madre de esta hija mía. Más que nada en el mundo.
15 may 2010
Eterna

Entonces él me manda esta foto vía mail.
Puedo reconocer varias caras: Como Rafa, tan rubio y tan mi primer amor de banco, ahí casi en el medio, riéndose con la misma risa de langa que ahora. Increíble. O Malala que se sentaba conmigo y era zurda, y usaba vincha de lycra azul gruesa, no las típicas hebillitas de carey, como todas las de raya-al-costado-cortecito-carré.
La señorita era Olguita, me dice él. Yo se la discuto a muerte.
-No, nene, nada que ver. Era Graciela esa, man. Te acordás que era la mamá de Analía, una que terminaron pasando al "b"? porque por política del colegio, las madres no podían educar a sus hijos fuera de hogar, parece.
Arqui con anteojos. Ese sí que lo ubicó enseguida. Los anteojos y los mocos verdes colgando, siempre.
-Como eran esos? Cuatro hermanos, eran, no?
-Ajá. Arquímedes, Ulises, Inca y Homero. Para mí que los viejos le daban a la ayahuasca antes de elegir nombre.
Y vicky es la que está debajo de la seño. Y atrás la fuente, y mas al costado, que no entra en la foto, la gruta de la virgen de Lourdes, que debe tener cancer de pulmón, pobre mina, Con todas las de secundaria que fumaban ahí de contrabando.
Esto era segundo grado.Posta.´
Y el libro de lectura se llamaba Confite y yo.
Usabamos jumper todos los días, menos los lunes, que nos poníamos arriba un espantoso delantalito color mierda, con el escudo de la compañía de María. Unas bellezas pret-a- porter.Ni idea cual era el obejetivo. Tal vez humillarnos, no más.
Y Angelita, la monja del bar nos estafaba con los alfajores. Te quedaba una capa de grasa en el paladar que te duraba hasta el recreo siguiente.
Y me regalaron una caja de lápices de las de lata, con millones de colores, hasta dorado tenía. Un flash. me duró como una semana, la caja.
Todo eso me acuerdo.
él se ríe y se sorprende, tambien, de mi memoria selectiva. Dice que solo registro las boludeses.
Porque lo que sí no puedo, ni aunque me esfuerze, es encontrarme yo.
Parece que no es tan difícil , entonces me tira las coordenadas: de Vicky, al costado, para el lado de la columna, esa sos vos, larva.
Toda una extraña para mi misma.
10 may 2010
Ritual
Como lo repito cada noche que estoy sola... Algo así: Tirar las llaves sobre la mesa de la cocina, abrir la heladera y sacar la botella de coca light. Tomar del pico. Sacarme los zapatos antes de entrar al cuarto y dejarlos por ahí.Tirar la ropa que me voy sacando: jeans, medias, remera, sueter, haciendo un caminito que me sigue hasta el baño, con el cepillo de dientes en la boca. abrir el agua de la bañadera, mientras, mirarse en el espejo, bajo la crueldad dicróica, si existen nuevos signos de que losañospaaasanycomocambialoqueshosieeeeento. Meter primero un pie para comprobar temperatura perfecta, hundirse despacio hasta escuchar el mundo distorsionado que viene de afuera. Shampoo, crema de enjuague. Toalla gigante. Crema en todo el cuerpo. Y meterse en la cama con el pelo mojado y un libro más.
Como me gusta cuando me interrumpen esta rutina. Qué poco me importa a veces, romper con mis rituales.
Como me gusta cuando me interrumpen esta rutina. Qué poco me importa a veces, romper con mis rituales.
6 may 2010
Soñé que había vuelto a escribir acá...
Y no.
Pero ahora parece que si, no más. O por lo menos eso dice en el reader...
Pero ahora parece que si, no más. O por lo menos eso dice en el reader...
10 abr 2010
Cuando soy cielo e infierno
Imaginame por una vez perpétua,
hipnótica,
insistente,
supérflua y también profunda,
aislada ensordecida en mil palabras
vanidosa ardiente veterana
Tumultuosa frígida egoísta dramática
enojada triste a veces dinástica o drogada,
Yo no te gusto.
hipnótica,
insistente,
supérflua y también profunda,
aislada ensordecida en mil palabras
vanidosa ardiente veterana
Tumultuosa frígida egoísta dramática
enojada triste a veces dinástica o drogada,
Yo no te gusto.
2 abr 2010
Interpretando
Resulta que la movida de Semana Santa en Tandil, contra todo pronóstico, no pasa por donde yo laburo. Entonces encaro librito que compro con dos chocolates, en el kiosco amigo. A veces me fanatizo con esas novelitas historicas, y me la re-creo. Esta incluye un par de reyes nabos y cónclave pajero. También tenemos a Luis el obstinado, que era un tipo inseguro, irresuelto, un goma. pero goma mal. A Margarita de Borgoña como que no le daba bola, entonces ella lo salía a cagar por ahí. Y se metía en cualquiera, la mina. Un bardo. Entonces Isabel de Inglaterra y Roberto de Artois van y le baten la posta: Tus cuñadas te están cagando, man. Y ahí salta todo. Se entiende? Tambien está Felipe el Hermoso, que le faltaba un patito en la linea, a mi básico entender, y Juana, que flipaba en colores y se encerraba con el fiambre. Un Bajón.
Al final creo que todo es la misma mierda. Solo que antes esos eran reyes, y ahora lo que tenemos, son todos políticos mersas.
Al final creo que todo es la misma mierda. Solo que antes esos eran reyes, y ahora lo que tenemos, son todos políticos mersas.
23 mar 2010
Mudanzas
20 mar 2010
La cuchara de Eva
Cuando murió Eva lloré mucho menos de lo que esperaba. Había sido la nana de mi generación y la anterior de la familia, y por supuesto, cuando lo fué de mi mamá, ya era vieja, como deben ser todas las nanas de verdad.
Se habla poco de ella en casa, sin embargo yo me acuerdo cada vez más, y son tantas las cosas que me la recuerdan, que ya es parte de lo cotidiano, algo bastante natural. A veces hasta me viene en sueños y tenemos unas charlas que hubiesen sido imposibles, mezcladas con otras que sí tuvimos, donde me contaba historias de cuando era chica y de sus hermanos, y de un corderito que había tenido, igual al que me regaló Tata un verano en La Delfina.
En una época, Eva cuidaba a una tía abuela mía, antiquísima como la casona de Plaza de Italia donde vivían, y adonde yo llegaba todos los días después del jardín. Siempre era invierno y hacía frío, o así me parecía a mí, cuando me trepaba a una maceta enorme que había pasando la reja de entrada, para alcanzar una manito de bronce que había en lugar de timbre, a la que le daba con ganas, hasta escuchar los pasos de Eva por el pasillo, que se acercaba rezongando y diciendo ya vá Mariquita (ella me decía Mariquita, si.) que poca paciencia,esta criatura, porque yo a esa altura ya estaba pateando la puerta, claro.
Entonces yo le ordenaba a los gritos, desde afuera: Sacá las vívoras, que me asustan, sabés Eva?, que eran unas rellenas de arena y estaban debajo de la puerta,con el firme propósito de no dejar pasar el viento, creo, y no eran vívoras, me decía ella,mientras las pisaba para demostrarmelo, pero igual me alzaba y me paraba sobre un sillón para desabrocharme los botones dobles del tapado, que eran interminables.
Después la perseguía suplicando para que me preparara una cremita que se llamaba natilla, (un nombre horripilante para algo tan rico). Desde un banquito que acercaba al lado de la cocina, yo podía ver como metía en la olla la cuchara de plata, que era la indicada para eso, y que cuando salía toda cubierta por la crema espesa y amarilla, significaba que estaba lista. Eva la soplaba un rato porque estaba hirviendo, y me la daba para chupar.
Me encantaba ese ritual, más que el postre en sí.
Hay muchos secretos que no están en las recetas escritas, ni en los libros de cocina.
Están en una cuchara de plata, que tengo que recuperar de alguna forma.
Se habla poco de ella en casa, sin embargo yo me acuerdo cada vez más, y son tantas las cosas que me la recuerdan, que ya es parte de lo cotidiano, algo bastante natural. A veces hasta me viene en sueños y tenemos unas charlas que hubiesen sido imposibles, mezcladas con otras que sí tuvimos, donde me contaba historias de cuando era chica y de sus hermanos, y de un corderito que había tenido, igual al que me regaló Tata un verano en La Delfina.
En una época, Eva cuidaba a una tía abuela mía, antiquísima como la casona de Plaza de Italia donde vivían, y adonde yo llegaba todos los días después del jardín. Siempre era invierno y hacía frío, o así me parecía a mí, cuando me trepaba a una maceta enorme que había pasando la reja de entrada, para alcanzar una manito de bronce que había en lugar de timbre, a la que le daba con ganas, hasta escuchar los pasos de Eva por el pasillo, que se acercaba rezongando y diciendo ya vá Mariquita (ella me decía Mariquita, si.) que poca paciencia,esta criatura, porque yo a esa altura ya estaba pateando la puerta, claro.
Entonces yo le ordenaba a los gritos, desde afuera: Sacá las vívoras, que me asustan, sabés Eva?, que eran unas rellenas de arena y estaban debajo de la puerta,con el firme propósito de no dejar pasar el viento, creo, y no eran vívoras, me decía ella,mientras las pisaba para demostrarmelo, pero igual me alzaba y me paraba sobre un sillón para desabrocharme los botones dobles del tapado, que eran interminables.
Después la perseguía suplicando para que me preparara una cremita que se llamaba natilla, (un nombre horripilante para algo tan rico). Desde un banquito que acercaba al lado de la cocina, yo podía ver como metía en la olla la cuchara de plata, que era la indicada para eso, y que cuando salía toda cubierta por la crema espesa y amarilla, significaba que estaba lista. Eva la soplaba un rato porque estaba hirviendo, y me la daba para chupar.
Me encantaba ese ritual, más que el postre en sí.
Hay muchos secretos que no están en las recetas escritas, ni en los libros de cocina.
Están en una cuchara de plata, que tengo que recuperar de alguna forma.
19 mar 2010
Delirios en la ruta
La pasamos bomba. Y comimos como la pasamos, también. Todo acompañado de ricos tecitos de blueberries, canela, cardamomo y esas cosas que no te las como ni aunque me apuntes con una winchester calibre 22, pero que en un té pegan bien.
Por supuesto y como era de esperar, la vuelta nos agarra cansadas, tardísimo, de noche y en la ruta. Es un trechito, no más, pero es ruta después de todo y yo no jodo con eso. Menos si el copiloto es otra amiga. Otra mujer, digo.
M mira por la ventanilla y parece tranquila. O se hace. Creo que conoce de mis paranoias.
-Che, esas luces de allá adelante..Es un auto que vá o viene?
La pregunta no es menor. Puede implicar comerse un scania de frente, y a mí como que el tortazo consciente me dá un poco de terror.
- Vá. Dale que venimos bárbaro. Vos relajá que venimos impecable.
Igual no puedo dejar de pensar que estamos sin señal en los telefonitos de garcha, que tenemos media botella de Villa del sur sin gas, un paquetito de scons preparados por Tere, y una barrita de cereal para pernoctar, llegado el caso, al borde de donde sea. Juro que me las veo negras. Pienso en los Pomar. Y me las veo peor, todavía.
-Alguien se acordará de nosotras si no llegamos?
-...
M no contesta.
-Es la última vez que salgo a la ruta sin un hombre, te digo. El tema de que te acompañe un pibe sabés cual es? Que tenés un techo para el pánico, ponéle. Siempre vá a haber alguien arriba que tiene menos miedo que vos, y a mí eso me re-tranquiliza, te juro.
-...
Y sigue sin responder.
Para mí que está toda drogada con el tecito ese.
Por supuesto y como era de esperar, la vuelta nos agarra cansadas, tardísimo, de noche y en la ruta. Es un trechito, no más, pero es ruta después de todo y yo no jodo con eso. Menos si el copiloto es otra amiga. Otra mujer, digo.
M mira por la ventanilla y parece tranquila. O se hace. Creo que conoce de mis paranoias.
-Che, esas luces de allá adelante..Es un auto que vá o viene?
La pregunta no es menor. Puede implicar comerse un scania de frente, y a mí como que el tortazo consciente me dá un poco de terror.
- Vá. Dale que venimos bárbaro. Vos relajá que venimos impecable.
Igual no puedo dejar de pensar que estamos sin señal en los telefonitos de garcha, que tenemos media botella de Villa del sur sin gas, un paquetito de scons preparados por Tere, y una barrita de cereal para pernoctar, llegado el caso, al borde de donde sea. Juro que me las veo negras. Pienso en los Pomar. Y me las veo peor, todavía.
-Alguien se acordará de nosotras si no llegamos?
-...
M no contesta.
-Es la última vez que salgo a la ruta sin un hombre, te digo. El tema de que te acompañe un pibe sabés cual es? Que tenés un techo para el pánico, ponéle. Siempre vá a haber alguien arriba que tiene menos miedo que vos, y a mí eso me re-tranquiliza, te juro.
-...
Y sigue sin responder.
Para mí que está toda drogada con el tecito ese.
18 mar 2010
Maderita de la buena
Me levanté mucho más temprano de lo que debería hacerlo los jueves, para cubrir a una mamá del pool del cole,
laburé como una negra toda la mañana, por guita y por amistad,
comí sin hambre al mediodía, porque salir a comer algo, queseyó... era la excusa perfecta para escuchar a C, que viene cuestabajo en lo que a bajones respecta. (Después de todo, para eso somos amigas,o no?)
Me callé bien calladita cuando a ex se le dió por el estallido neurótico y prostático justo cuando marcaba mi número de teléfono.
Llamé educadamente a quien me ofreció laburo, para agradecer y avisar que tengo otro en vista.
Y escribí un mail eterno pidiendo perdón por no haberme acordado de una fecha importantísima para alguien (no para mí, lógico, que se me pasó)
Hay días como hoy, por ejemplo, que me creo una buena mina.
Antes me parecía inocuo. Ahora pienso que suma.
Ser buena mina, siempre suma.
laburé como una negra toda la mañana, por guita y por amistad,
comí sin hambre al mediodía, porque salir a comer algo, queseyó... era la excusa perfecta para escuchar a C, que viene cuestabajo en lo que a bajones respecta. (Después de todo, para eso somos amigas,o no?)
Me callé bien calladita cuando a ex se le dió por el estallido neurótico y prostático justo cuando marcaba mi número de teléfono.
Llamé educadamente a quien me ofreció laburo, para agradecer y avisar que tengo otro en vista.
Y escribí un mail eterno pidiendo perdón por no haberme acordado de una fecha importantísima para alguien (no para mí, lógico, que se me pasó)
Hay días como hoy, por ejemplo, que me creo una buena mina.
Antes me parecía inocuo. Ahora pienso que suma.
Ser buena mina, siempre suma.
16 mar 2010
Nada que no se pase con un alfajor
Todo, absolutamente todo, pasa.
Es cuestión de dejarlo fluir, no más. O hacer como que ni bola y chau, listo. Matar con la indiferencia. Eso: asesina serial de momentos críticos y-barra-ó incómodos, de dolores caprichosos que se instalan y todo indica que for ever, de estallidos ciclotímicos que hacen pasar de la risa al llanto histérico sin telegrama de preaviso.
Pero todo, absolutamente todo, mejora con un alfajor triple de chocolate.
Debería escribir un libro sobre como lidiar con el Sindrome- Pre- menstrual. Y hacerme famosa, de una vez por todas.
Es cuestión de dejarlo fluir, no más. O hacer como que ni bola y chau, listo. Matar con la indiferencia. Eso: asesina serial de momentos críticos y-barra-ó incómodos, de dolores caprichosos que se instalan y todo indica que for ever, de estallidos ciclotímicos que hacen pasar de la risa al llanto histérico sin telegrama de preaviso.
Pero todo, absolutamente todo, mejora con un alfajor triple de chocolate.
Debería escribir un libro sobre como lidiar con el Sindrome- Pre- menstrual. Y hacerme famosa, de una vez por todas.
15 mar 2010
Cotidiana. Tropiezos son caídas.
Voy tardando como una hora en desenredarme los rulos que me quedaron del fin de semana, vientodecampo y demases cosas included en el combo. Ahora trato de arreglar tobillo averiado en percance mañanero, porque seré muchas cosas, pero también orgullosa. Caminé estoica media cuadra y resistí como modelo de Pancho Dotto en la pasarela. Hasta menié las caderas con gracia. Nadie se enteró de mi lesión.
Bueno, sí. El chico que me levantó de la vereda y me alcanzó el telefonito primero y la cartera (que fué a parar tres metros más allá), después. El glamour intacto, eh? No se me cayó en ningún momento. Ahí mismo decidí, dado que estaba despatarrada en medio de la avenida Bolivar, que era recomendable hacerme la dolorida y quedarme un rato acostada en el suelo, para darle un tanto de dramatismo al asunto. Pasar de boluda a herida, ponéle.
- Te caíste? preguntó con mucha lógica, el muchacho. Estás bien?
Lo miré con mi mejor cara de me estás jodiendo? y acepté la mano, el telefono y la cartera que humanamente me alcanzaba. Verifiqué tobillos y codos que por suerte estaban sanitos, sin raspaduras ni sangre ni nada, me arrastré hasta la farmacia Traverso, para lamer sin público mis heridas. ´También le inventé un cuento al farmacéutico de turno: Ya saben: Me doblé el pie jugando al golf ayer. Me ayuda como coartada el tema de los rulos del viento del fin de semana, y todo eso.
Chica con suerte e imaginación. Y orgullo, un poco. Sí, también.
Bueno, sí. El chico que me levantó de la vereda y me alcanzó el telefonito primero y la cartera (que fué a parar tres metros más allá), después. El glamour intacto, eh? No se me cayó en ningún momento. Ahí mismo decidí, dado que estaba despatarrada en medio de la avenida Bolivar, que era recomendable hacerme la dolorida y quedarme un rato acostada en el suelo, para darle un tanto de dramatismo al asunto. Pasar de boluda a herida, ponéle.
- Te caíste? preguntó con mucha lógica, el muchacho. Estás bien?
Lo miré con mi mejor cara de me estás jodiendo? y acepté la mano, el telefono y la cartera que humanamente me alcanzaba. Verifiqué tobillos y codos que por suerte estaban sanitos, sin raspaduras ni sangre ni nada, me arrastré hasta la farmacia Traverso, para lamer sin público mis heridas. ´También le inventé un cuento al farmacéutico de turno: Ya saben: Me doblé el pie jugando al golf ayer. Me ayuda como coartada el tema de los rulos del viento del fin de semana, y todo eso.
Chica con suerte e imaginación. Y orgullo, un poco. Sí, también.
9 mar 2010
Lo que dice Victoria...
La vida no vivida es terriblemente cansadora.
Los sueños abandonados no nos abandonan.
Es imposible agradar a todos.
Es más fácil aprender algo nuevo, que desaprender lo mal aprendido.
Reprimir las emociones es el anestésico más poderoso.
Asumir riesgos es un tónico revitalizador.
El miedo detiene la vida.
Decir que no permite decir sís mas verdaderos.
La imaginación es una loca de las lindas.
El recurso más rejuvenecedor: el coraje.
La decisión más audaz: ser íntimo.
Los sueños abandonados no nos abandonan.
Es imposible agradar a todos.
Es más fácil aprender algo nuevo, que desaprender lo mal aprendido.
Reprimir las emociones es el anestésico más poderoso.
Asumir riesgos es un tónico revitalizador.
El miedo detiene la vida.
Decir que no permite decir sís mas verdaderos.
La imaginación es una loca de las lindas.
El recurso más rejuvenecedor: el coraje.
La decisión más audaz: ser íntimo.
6 mar 2010
Muy minita
Tengo días, a veces semanas enteras, que me levanto cada mañana de mi cama y apoyo los pies en el mundo casi como esas personas decididas, independientes y absolutamente seguras de sí misma. Entonces me puedo llevar la vida por delante, atropellarla y, encima, enfrentarte al zorro gris que me hace la injusta boleta por abollarle el chasis a La Vida (que eso no se hace, Nunca), así, con las manos en jarra sobre la cintura, desafiándolo con un léxico que, por supuesto, lo marea, y como bonus track, arrugarle la nariz en adorable gesto y todo.
Esos días te puedo pelear a morir el precio de los tomates cherrys con la misma pasión con la que te desbancaría una mesa de guita de mega banco con casa matriz en N.Y. City, ponéle.
Y te la remo con los chicos, la maid que falta los lunes de manera incondicional, con el mecánico que es un ladrón, el pool del cole, los horarios que never-but-never coinciden jamás, y muchísimo más.
Pero hay veces que quiero quedarme mas tiempo en la cama, y que un brazo fuerte me cruze por los hombros y estar así mucho rato. Y que después me cambien los foquitos que se me queman y que no alcanzo ni con dos sillas superpuestas, y que me cuelguen los cuadros con precisión quirúrgica y nó a mi estilo , que vendría a ser tipo lo que me sale y conformate con eso, y que me abran la lata de duraznos sin que corra sangre, y que me descorchen un vino con maniobra simple y sencilla ,para fascinarme con tamaña proeza, y sentir que el hombre en cuestión es todo lo que necesito en la vida, con musiquita cache de Cristian Castro en mi interior, y ese rollo de las estrellas que te llueven, y el mar azul y toda la bola.
Después de tantos años me vengo a enterar. Y si, resulta que me gusta un poco la mano masculina al rescate.
Parece que hay días que nó, y otros que sí, no más,
que soy muy minita.
Esos días te puedo pelear a morir el precio de los tomates cherrys con la misma pasión con la que te desbancaría una mesa de guita de mega banco con casa matriz en N.Y. City, ponéle.
Y te la remo con los chicos, la maid que falta los lunes de manera incondicional, con el mecánico que es un ladrón, el pool del cole, los horarios que never-but-never coinciden jamás, y muchísimo más.
Pero hay veces que quiero quedarme mas tiempo en la cama, y que un brazo fuerte me cruze por los hombros y estar así mucho rato. Y que después me cambien los foquitos que se me queman y que no alcanzo ni con dos sillas superpuestas, y que me cuelguen los cuadros con precisión quirúrgica y nó a mi estilo , que vendría a ser tipo lo que me sale y conformate con eso, y que me abran la lata de duraznos sin que corra sangre, y que me descorchen un vino con maniobra simple y sencilla ,para fascinarme con tamaña proeza, y sentir que el hombre en cuestión es todo lo que necesito en la vida, con musiquita cache de Cristian Castro en mi interior, y ese rollo de las estrellas que te llueven, y el mar azul y toda la bola.
Después de tantos años me vengo a enterar. Y si, resulta que me gusta un poco la mano masculina al rescate.
Parece que hay días que nó, y otros que sí, no más,
que soy muy minita.
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