19 mar 2010

Delirios en la ruta

La pasamos bomba. Y comimos como la pasamos, también. Todo acompañado de ricos tecitos de blueberries, canela, cardamomo y esas cosas que no te las como ni aunque me apuntes con una winchester calibre 22, pero que en un té pegan bien.
Por supuesto y como era de esperar, la vuelta nos agarra cansadas, tardísimo, de noche y en la ruta. Es un trechito, no más, pero es ruta después de todo y yo no jodo con eso. Menos si el copiloto es otra amiga. Otra mujer, digo.
M mira por la ventanilla y parece tranquila. O se hace. Creo que conoce de mis paranoias.
-Che, esas luces de allá adelante..Es un auto que vá o viene?
La pregunta no es menor. Puede implicar comerse un scania de frente, y a mí como que el tortazo consciente me dá un poco de terror.
- Vá. Dale que venimos bárbaro. Vos relajá que venimos impecable.
Igual no puedo dejar de pensar que estamos sin señal en los telefonitos de garcha, que tenemos media botella de Villa del sur sin gas, un paquetito de scons preparados por Tere, y una barrita de cereal para pernoctar, llegado el caso, al borde de donde sea. Juro que me las veo negras. Pienso en los Pomar. Y me las veo peor, todavía.
-Alguien se acordará de nosotras si no llegamos?
-...
M no contesta.
-Es la última vez que salgo a la ruta sin un hombre, te digo. El tema de que te acompañe un pibe sabés cual es? Que tenés un techo para el pánico, ponéle. Siempre vá a haber alguien arriba que tiene menos miedo que vos, y a mí eso me re-tranquiliza, te juro.
-...
Y sigue sin responder.
Para mí que está toda drogada con el tecito ese.