De repente así como si nada, ella me pide que le mande un mail.
Quiere que le cuente. Quiere saber. Quiere conocer.
Escribirle un mail a una escritora es como jugar al dígalo con mímica y que te toque Marcel Marceau en el mismo equipo. Dale Marcel, media pila, man... no ves que te estoy haciendo una palomita, no ves???
Casi aterrador.