8 ene 2010

Esa compañerita

Se llamaba Romina,y nos sentó juntas el primer día de tercer grado la señorita Luchi.
Tenía el pelo por la cintura,Romina. Y unos aritos que eran como perlas,pero todos de oro y con brillantes rosas.Hablaba con la yé bien marcada,y a veces yo la copiaba,pero muy bien no me salía,entonces me conformaba pensando que quizás eran los aparatos que ella tenía,los que hacían el milagro. Sho vivo en la cashe shapeshú,decía.Encima hasta con el nombre de la calle me provocaba.
Un día vino a mi cumpleaños con una remera toda de cebra.Pero no de cebrita ñoña: una señora cebra. Mi mamá y mi abuela la miraban de reojo,y a mi se me caía la baba sobre el punto smog.
Me pasé el año mendigándole absolutamente todo lo que llevaba al colegio: La cajita de música,las pulseritas,los lápicitos,la cartuchera,todo. Obnubilada me tenía. Quería ser como Romina y nada me iba a detener.
Y,te digo que hoy, me miro y en el espejo y, si no fuera por el detalle de la yé, casi que lo logro,eh? Casi.
Un cache,dice mi madre.Pero con toda la onda.